Sus filmes son violentos, provocativos y hasta perturbadores, pero Quentin Tarantino es un imán de taquilla
NUEVA YORK.— Las cintas de Quentin Tarantino son violentas, provocativas, perturbadoras. Con ellas ha ganado dos Globos de Oro, un César (Francia), la Palma de Oro (Cannes) y un Oscar, además de múltiples nominaciones y millones de dólares en taquilla alrededor del mundo.
Django sin cadenas, su octava cinta, no es la excepción, al grado de ser considerada, por el propio cineasta, como la más violenta y dura de todas: la que siempre quiso hacer.
En una habitación del Hotel Ritz Carlton de esta ciudad, Tarantino sostuvo un encuentro con diversos representantes de medios de comunicación internacionales, entre ellos Excélsior, para hablar de su primer spaguetti western, el cual tardó en llevar a la pantalla diez años.
Django sin cadenas narra la historia de Django, un esclavo que es rescatado por un cazarrecompensas que, tras liberarlo, emprenden un viaje para rescatar a Broomhilda, la esposa del primero. Ésta es esclava en la plantación propiedad de Calvin Candie y a quien pretenden engañar.
Ambientada en el sur de Estados Unidos a dos años de la Guerra Civil, la cinta exhibe balazos, sangre, golpes y una violencia que va más allá de los anteriores filmes de Tarantino como Tiempos violentos o Bastardos sin gloria.
“Kill Bill es probablemente la más violenta, pero ésta presenta la violencia más dura, por el contacto y por lo que vemos de la violencia misma. Es fácil sólo colocarla en piezas grandes en Kill Bill, ponerlas ahí, hacer un balance estético y divertirnos, pero en ésta estoy mezclando las dos.
“De hecho hay tres tipos de violencia en esta cinta, está la brutalidad de la esclavitud misma, las peleas Mandingo o la secuencia de la escena de los perros. Lo que busca eso es perturbar, mostrarte las atrocidades de ese mundo y darte un contexto de lo que es ese mundo de la esclavitud. Después Django tiene su show dance y viene esa parte de la violencia divertida, esa parte de la catarsis divertida”, comenta Tarantino.
La palabra negro
El filme no sólo ha llamado la atención de la crítica por su violencia, sino porque para algunos minimiza uno de los problemas más sensibles para la Unión Americana, la esclavitud y el uso de la palabra “negro” en forma despectiva y empleada en ésa época.
“Creo que sí podrá ser más perturbador en Estados Unidos que en otras partes del mundo. Será más doloroso; los otros países no tienen ese tipo de historia, o quizá no fue (un periodo) tan largo. Yo escribí el guión, pero nunca pregunté: ‘¿debo hacer esto?’, ‘¿debo hacer aquello?’Lo discutíamos, pero ésta es la película que siempre quise hacer, todos querían hacerla, los que formaron parte, por ello nunca hubo algún problema”, añade el realizador.
“¿El uso de la palabra negro? Es ridículo, ni siquiera puedo comentarlo, creo que esa gente (que pretende atacar) es idiota, sin embargo en cuanto a la violencia, tú sabes lo que vas a ver, vas a ver las películas por lo que te ofrecen”, añade.
Por su parte, Kerry Washington, la víctima de la historia y la dama a la que hay que rescatar (Broomhilda), no representa un ataque hacia la comunidad afroamericana.
“Cuando leí el guión pensé en todas las películas que hablan sobre esclavitud, en las que el héroe siempre ha sido un hombre estadunidense blanco y pensé que sería maravilloso que en este filme la gente negra no estuviera esperando a ser liberada y rescatada, salvada, sino de un hombre negro que se rescata a sí mismo y a su esposa.
“Pienso que eso era importante, no vamos a quitar a los hombres americanos que lucharon contra la esclavitud, es parte de la historia, pero creo que es importante añadir que hubo otra clase de héroes en ese tiempo, porque mucha gente quería un cambio, la constitución lo cambió, es importante mostrarlo”, dice Washington, quien habla de manera pausada.
Incluso, subraya que Tarantino era el único para poder contar esta historia, pues no se intimida con la violencia, la brutalidad o el lado malvado del espíritu humano.
“No tiene miedo de explorar estos temas cinematográficamente; para él, contar uno de los periodos más oscuros de la historia de Estados Unidos, debía hacerlo con todo y romper con todo.” Samuel L. Jackson, quien interpreta a Stephen, un esclavo de confianza en Candyland y una de las manos derechas del personaje deDiCaprio (Calvin Candie), prefiere no caer en controversias y hasta toma a manera de broma la polémica que desata la película.
“¿Implicaciones sociales? ¿Alguna reacción? ¡No me jodas¡ ¡Es una película! Hará que mucha gente reaccione, pero de eso se trata. El arte está hecho para estimular, de manera positiva o negativa.
“Quentin esencialmente hizo una película de amor, pero también un spaguetti (western) sobre una plantación, ¡por favor!”, dice entre molesto y burlón.
Al margen prefiere mantenerse Christoph Waltz, el cazarrecompensas (Dr. King Schultz) encargado de liberar a Django.
“(El uso de la palabra negro), es una discusión de Estados Unidos, podremos dar una opinión o no, pero es una discusión estadunidense. “Como europeo (es austríaco) no puedo venir y decirlo, no lo sabemos porque es algo que no vivimos o por lo menos no de esa manera”, subraya Waltz, quien ganó un Globo de Oro en su pasada edición por su interpretación.
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