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Cine

El fin del cine en 35 mm

En 2015 los filmes serán totalmente digitales. En México, el costo de la transición será pagado por cineastas y productores

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El 2012 significó el inicio del fin del cine como se le conocía: en 35 milímetros, tanto en su hechura como en la manera de proyectarse. El siguiente paso es la era digital.

La primera llamada fue hace un año, cuando Kodak, fabricante del celuloide, se declaró en bancarrota. A mediados de 2012 Fujifilm anunció que también dejará de producir, en marzo, los rollos tradicionales para película.

Según Screen Digest, que investiga y analiza el mercado de las comunicaciones, este 2012 la proporción de filmes en 35 mm sólo representó el 37 por ciento en las pantallas a nivel mundial, y en 2015 bajará, casi como si fuera un efecto de disolvencia, al 17 por ciento.

“Son cambios que estamos viviendo en México, una revolución en el cine”, señala Alejandro Ramírez, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica.

Lo generado

La digitalización democratizó la manera de hacer cine. Si una cámara de 35 milímetros oscila en el millón de pesos; ahora con 30 mil pesos se puede tener una que permita hacer un filme.

Jack Zagha, director de Adiós mundo cruel que ha experimentado en ambos formatos, dice: “Llevaba casi cien años igual el hacer cine y ahora hasta con un Iphone se puede hacer una película”.

En México las cadenas exhibidoras ya comenzaron su conversión, con la observación de que por los próximos tres años, cuando una película digital cambie de sala, los productores deben pagar unos 800 dólares (más de diez mil pesos) a los exhibidores. Hasta ahora solamente ejerce un pago único de alrededor de 13 mil pesos por cada copia en 35 milímetros y no cuesta trasladarla.

Al nuevo cobro se le conoce como Virtual Print Fee (VPF) y tiene como finalidad que los dueños de los salas de cine recuperen la inversión que hicieron para cambiar de proyectores de celuloide a digital (más de medio millón de pesos, promedio por cada sala).

La cantidad a pagar es establecida por los exhibidores de cada país donde opere.

Eduardo Barcena, exhibidor en el interior de la República, señala que la idea es que dicho pago sólo sea por tres años.

“Después sólo se cobrará que se mande la tarjetita con la película”.

Lo que le preocupa es no saber el tiempo de vida de los proyectores.

“Si son como computadoras, espero que no duren lo mismo (unos tres años) y otra vez tengamos que comprar”, señala.

Cinépolis es la cadena más adelantada en la transición, esperando que para fines de 2013, estén convertidas sus casi 2 mil 500 salas.

Los cineastas independientes son los que están sufriendo. Matías Meyer buscó salas que soportara el 35 milímetros de Los últimos cristeros, su filme.

“Cuesta ya trabajo y siendo digital, hay que pagar un dinero extra que no tenemos”, expresa.

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