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* “Siempre estoy abordando historias. No sé si me alcance la vida para escribir todo lo que tengo en la cabeza” dice Daniel Sada. Foto: SUN
Daniel Sada: los lectores no quieren asumir retos
Por: Agencia, Sábado, 10 de Enero de 2009
Sada no pertenece al tiempo de las tribus literarias del espectáculo. Él no sabe de relaciones públicas. Camina lento por la colonia Condesa. La contempla. Es observado. Intuye. Escribe. Mago. Casi nunca, pero sucede.

"Soy un escritor muy atípico. No quiero escribir ni leer lo que vivo", afirma Daniel Sada, el narrador mexicano que se sabe imposibilitado para elaborar una ficción a partir de la realidad. "Uno tiene que reconocer sus limitaciones para poder percibir sus verdaderas posibilidades. No tengo tantas habilidades".

El autor nacido en Mexicali, Baja California en 1953, que obtuvo hace dos meses el Premio Herralde por su novela "Casi nunca", apela a la fábula del erizo y la zorra para definirse. "La zorra tiene muchas habilidades, es capaz de muchas cosas; el erizo sólo sabe hacer una: proyectar las púas, pero es contundente".

Entonces se considera un escritor erizo y nada comparte con aquellos que pueden conducir programas de televisión, participar en distintos temas y hablar de todo. "Admiro eso, pero yo no lo tengo. Me aboco nada más a lo que sé hacer. Desde luego en un momento dado he estado empujado a escribir de algo actual, pero no se me da; a veces me asalta la información, me dejo imbuir por los acontecimientos; sin embargo, siempre necesito añorar un poco las cosas".

La pregunta alude al título de la novela que lo habrá de internacionalizar. ¿Qué es lo que "Casi nunca" haría Daniel Sada? Responde de inmediato: "Traicionarme a mí mismo. Ser insincero en mi manera de escribir, acoplarme a las exigencias del mercado, no vislumbrar lo que es mi mundo; es decir, adoptar una posición que me es totalmente ajena. Necesito escribir lo que sale de mi corazón, estrictamente".

Ese escritor que llegó a la ciudad de México a principios de los años 70 con una formación muy clásica y que hablaba de La Ilíada y La Odisea con un tono "bien ranchero", sabe que el Premio Herralde de Novela —su primer galardón internacional en 35 años de carrera literaria y 55 años de vida—, será el empujón para llegar a lectores de todo el mundo hispano. "Nunca había tenido tanto público; ahora me entrevistan de Argentina, Perú y España, más no estoy acostumbrado a esto. Antes publicaba mis libros, tenían una pequeña resonancia y ahí se acababa".

A Daniel Sada lo admiran sus pares mexicanos por el uso del lenguaje y el ritmo que le imprime; envidian la perfección de sus narradores. El narrador chileno Roberto Bolaño celebró en Sada su literatura barroca y lo equiparó en grandeza con José Lezama Lima.

Para el autor de "Porque parece mentira la verdad nunca se sabe" y "Registro de causante" que le dio el Premio Xavier Villaurrutia 1992, su secreto está en el punto de vista del narrador. "Si no defino el temperamento del narrador, no puedo escribir la historia".

El cuentista y novelista se considera un escritor muy lento producto de su exigencia. "Soy muy perfeccionista. A veces en definir el punto de vista me puedo tardar seis meses".

Cuando resuelve la voz narrativa todo está hecho. Muchos lo consideran un orfebre a contracorriente de cómo se escribe hoy. "Mucha gente me reprocha mi ritmo, dicen que es asfixiante y que el empeño que impongo en mis textos desquicia a la gente. Yo necesito que los lectores cumplan mis reglas del juego; es necesario que el lector haga un pacto con mis libros para que se venzan todos los obstáculos y esos obstáculos se vencen en las primeras páginas; es que ahora la mayoría de los lectores no quieren asumir retos de nada. Si fuera periodista tendría que escribir para que todos entiendan, pero como autor exijo que entren a mi mundo, que se ciñan por mi ritmo y lenguaje".

La culpa de su perfección en el ritmo y la cadencia de su prosa es de formación clásica. "Vivía en un pueblo donde no había bibliotecas ni librerías, tenía que trasladarme unos 50 kilómetros para conseguir un libro. La única biblioteca que había era la de la maestra de primaria de mi pueblo y ella sólo tenía autores clásicos que comencé a leer. Leí mucha poesía, leí La divina comedia en verso, lo mismo que La Eneida y el Kalevala, libro mítico de Finlandia, yo no tenía otra referencia de la literatura hasta que llegué a la ciudad de México en los años 70".

Entonces se topó con una generación que leía a José Agustín y tuvo que leerlo para estar en sintonía con la gente del Distrito Federal; le gustó. "Estaba muy desfazado, me sentía mal, quería hablar de La Ilíada, La Odisea, El Arte de amar de Ovidio, pero no tenía interlocutores; aparte yo hablaba muy ranchero, se reían de mí".

Daniel Sada tardó mucho tiempo en adaptarse a la vida urbana, sin embargo, no deja de ser norteño, siempre calza botines. Tampoco ha dejado de escribir cuentos. Ha habido temporadas en que se aboca a la novela con rabia, luego la deja y emprende una pasión arrebatada por el cuento; a últimas fechas le ha entrado la urgencia por escribir un libro de ensayos.

"Siempre estoy abordando historias. No sé si me alcance la vida para escribir todo lo que tengo en la cabeza, siempre tengo historias y cosas por hacer, lo que pasa es que soy muy lento, los elaboro con mucha parsimonia". Por eso envidia a quienes escriben rápido y colaboran en periódicos y revistas. "No soy así, siento que si escribo un artículo tiene que ser con todo mi corazón, que si escribo un ensayo tengo que meterme en profundidades".

A sabiendas de que su novelas o cuentos puede ser verdaderos fracasos, Sada se arriesga. "Me gusta escribir en los límites de la escritura. Si las artes a través de la historia tienden al convencionalismo porque es muy cómodo, yo las transgredo".

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