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Herencia
Doña Anita sigue preservando la pequeña empresa que le dejaron sus padres.

Opiniones sobre esta Nota

“Casa Anita”, un lugar con historia y tradición
Por: Beatriz Ramos, Domingo, 08 de Junio de 2008
Ubicada en la Av. Juárez No. 94, es la tienda preferida de los guanajuatenses desde 1947 por su servicio

Guanajuato

Sigue siendo la Casa Anita, ubicada en la Avenida Juárez No. 94, el lugar preferido de los guanajuatenses, principalmente de las amas de casa, quienes encuentran en este lugar que abrió sus puertas en el año de 1947, artículos de cristalería, plásticos, vajillas, juegos de vasos, sartenes, entre otros enseres domésticos.

Atendida por su propietaria doña Anita Pantoja de Ulloa, su esposo el ingeniero Carlos Ulloa Arredondo y, Juan, el mayor de los hijos de ambos, la Casa Anita, pese a los constantes cambios que ha tenido el comercio en los últimos años y, sobre todo la crítica economía, el lugar que cubre las expectativas de quienes encuentran en este espacio el artículo acorde a sus necesidades.

Y aunque pareciera que ahí en la Casa Anita el tiempo se ha detenido, pues conserva su infraestructura de antaño, el motivo de doña Anita, es que además de querer conservar la esencia y el toque personal que le pusieron sus padres Refugio Pantoja Gallardo y Francisca Ramírez García cuando iniciaron este pequeño negocio, responde también a la invitación que inclusive, arquitectos, turistas y gente de Guanajuato, le hacen a la propietaria de este lugar para no cambiar la peculiar fisonomía.

Y que por cierto y al estar ubicado en el centro de la ciudad, representa un atractivo para el turismo de Estados Unidos, Europa y otras partes del mundo, quienes inclusive se han llevado la imagen de la tienda, la que le ha dado muchas satisfacciones y alegrías a la señora Anita de Ulloa, pero también tristezas, sinsabores y penas como cuando perdió a su señor padre en el año de 1990 y cuatro años después a su señora madre, por lo que decidió seguir el negocio al que inclusive prácticamente estaba al frente desde 1971, cuando la salud de "don Cuco", como cariñosamente le llamaban los guanajuatenses, empezó a minar.

Fue así que doña Anita, para seguir preservando la pequeña empresa que con muchos sacrificios fundaran sus padres, él originario de Valle de Santiago y ella de Silao, luego de haberse casado y decidir que sería Guanajuato su lugar de residencia hasta el final de sus días, que tomó las riendas de la Casa Anita, llamada así en su honor y porque fue la única hija que procrearon don cuco y doña Pachita, de quienes aprendió que las buenas atenciones a la clientela, sería la base del éxito.

Y aunque la Casa Anita, ya no es blanco perfecto para los ladrones, doña Anita, aún recuerda los tres robos que en vida de sus padres se suscitaron y cuyos amantes de lo ajeno se lograron llevar un portafolio de piel de cocodrilo con unas buenas sumas de dinero, y que luego fue encontrado en una casa de Dolores Hidalgo junto a la central camionera.

En cambio a ella y a su esposo Carlos les tocó un robo muy curioso, cuando un "viejito" se trepó a una escalera y alcanzó un bote, lográndose llevar unas monedas, que ahí guardaban.

Pero también ahí los clientes han olvidado algunas de sus pertenencias como alguien que dejo 15 bolsas de pan bimbo, que después de 4 días doña Anita regaló a las madres del Buen pastor, apenas había hecho su caridad del día por la cual se regocijaba entusiasmada cuando llegaron las dueñas del pan, por lo que doña Anita tuvo que comprar los paquetes para regresarlos,.

Todos esos acontecimientos han llenado la vida de doña Anita Pantoja de Ulloa, quien estudió la carrera de maestra en la Escuela Normal Oficial de Guanajuato, la cual tuvo que dejar cuando en el año de 1960 se casó con el ingeniero Ulloa, pues entonces todavía no era bien visto que la mujer trabajara, así que se dedicó en cuerpo y alma a sus tres hijos, Juan Gabriel, Carlos y Mariana.

Aunque de repente se arrepiente un poco, pues ahora estaría jubilada, la satisfacción de los logros que obtuvo cuando ejerció su carrera, como el lograr el terreno donde hoy es la Escuela Librado Acevedo, gracias a las gestiones del secretario particular don Ernesto Gallardo, en el gobierno de Manuel M. Moreno, o cuando en su estancia en el Instituto La Salle, lograron construir el auditorio.

En la actualidad y pese a los avatares de la vida, dice convencida "nos hemos sostenido porque es un negocio familiar, hay ventas bajas y tratas de sobrevivir, ya no hay para ahorrar", empero le queda la satisfacción que sigue teniendo "muchos clientes que son fieles, mucha gente que me prefiere por la atención que aquí recibe, las personas me tienen confianza y hasta me piden consejos y, eso es una gran satisfacción, pues con tan sólo un saludo de las personas se borra el cansancio y todo lo que acontece en la tienda".

Hoy día comparte con su esposo el orgullo de ser abuelos de cinco nietos; Carlos, Gabriela Talina, Mariana y Roberto y una bisnieta de dos años de nombre Sofía Gabriela.

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