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Perfil

Es licenciado en Periodismo y Comunicación Colectiva por la UNAM, donde inició su carrera como reportero de la gaceta universitaria. Posteriormente colaboró en revistas y fue productor de programas de radio en la capital del país, ciudad de la que es originario.

Chispitas de lenguaje

Enrique R. Soriano Valencia

Inflamable / *flamable
Jueves, 19 de Abril de 2007

Hace unos días tuve el gusto de estar en una reunión de trabajo en una oficina pública del Estado. Aunque el objeto de la reunión no fue abordar temas de protección civil, surgieron algunos aspectos relacionados y fue grato constatar el uso correcto de los términos aplicables. Particularmente, me refiero a la palabra INFLAMABLE. A pesar de usarla correctamente en esa oficina, surgió la duda entre los asistentes de su validez y su eventual sustitución por *famable. El asunto se resolvió al traer a la mesa de comentarios el origen de la palabra. Fui autorizado a compartir en este espacio la información al respecto, para beneficio de usted, amigo lector. Lamento no poder ofrecer el nombre de la oficina, pues también a ello me comprometí; cumplo los términos.

Muchas personas suponen que la palabra inflamable contiene un prefijo y no es así. Los prefijos son partículas formadas por unas cuantas letras que se añaden al principio de una palabra para modificarla (los sufijos se anexan al final de la palabra). Existen en nuestro idioma muchos prefijos y uno de los más comunes es el de negación. Éste suele presentarse en tres modalidades: in—, des—, a—. Del primero puede aparecer con m, si la palabra a la que afecta contiene p/b inmediatamente después del prefijo. Así tenemos que para expresar en una palabra que algo no es creíble, formamos increíble (prefijo in— añadido a la palabra creíble) o el caso de imposible, en el que el prefijo de negación cambió a im— para acuñar de idea de no posible en una sola palabra. Lo mismo sucede con el prefijo des—: añadido a conocer, crea desconocer (no conocer); e igual para como prefijo a—: amorfo, significa sin forma.

Uno de los participantes de la reunión referida dijo: “Lo que produce flama debe indicarse como *flamable.” El razonamiento de quien sugirió el cambio de la palabra sonaba lógico, pero carecía de fundamento. No todas las palabras que inician por IN contienen el prefijo de negación. Tome en cuenta, estimado lector, la palabra INMENSO. Sería absurdo considerar que es la negación de MENSO. De ahí que el razonamiento sea incorrecto. La palabra desde su origen latín es INFLAMARE y se aplicó y usa para indicar que algún objeto o elemento es combustible, susceptible de arder.

Por tanto, es totalmente incorrecto, en los vehículos transportadores de sustancias combustibles, que anuncien en enormes rótulos: “Peligro; *flamable”. Esta última palabra es inexistente, no aparece en el diccionario (al menos el oficial, desconozco si la incluyen otros… y espero que no, porque estarían desorientando; labor contraria al diccionario).

Flama, del latín FLAMMA, se aplicó para la reverberación (acción de movimiento constante, no fijo) de la llama y esta última voz se usa para designar el fuego mismo. Es decir, flama tiene su mejor aplicación a la inconsistencia de ubicación de la llama, antes que aplicarse para indicar fuego.

En la reunión citada también surgieron otras palabras relacionadas, pero no hubo tanta discusión al respecto. Para todos los presente era comprensible que al cilindro rojo se le llame EXTINTOR, porque la sustancia que contienen es la que realiza la acción de apagar el fuego, no el aparato. Por tanto, su contenido es el EXTINGUIDOR del fuego.

Agradezco la gentil autorización de esa oficina del Estado su disposición para tratar el tema en este espacio y cumplo con el anonimato acordado. Usted, amigo lector, también escríbame. Sugiera algún tema por tratar o alguna palabra que desee conocer su uso adecuado. Será un gusto dar respuesta por este tan prestigioso medio.

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