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LA MUJER FRENTE A LA ESTUFA (1658).
En estas dos imágenes son evidentes los cambios y agregados que el artista hacía en las distintas “versiones” de sus trabajos.
Rembrandt, Aguafuertes
Por: Mauricio Vázquez González, Sábado, 03 de Febrero de 2007
En Europa el cuarto centenario de Rembrandt Harmenszoon Van Rijn (Leiden, 1606-Ámsterdam, 1669), aún no termina. En diferentes ciudades importantes se siguen presentando sendas exposiciones de este genio...

... de Ámsterdam a Leiden, de Berlín a Budapest, de Copenhague a Vevey en Suiza y de ahí a París.

En esta última se concentran por lo menos nueve grandes exposiciones: “Rembrandt et son école. Dessins de l’ancienne collection royale de Dresde”, “Rembrandt et le paysage. Les eaux-fortes de Rembrandt dans la collection Frits lug”, “Rembrandt et son entourage”, “Voyages en France. Dessinateurs hollandais au siécle de Rembrandt”, “Rembrandt et les femmes”, “Rembrandt... bouquet final. Dessins du Kupfertichkabinett de Berlín”. El Museo de Louvre presenta “Rembrandt, dessinateur”, la Biblioteca Nacional Francesa “Rembrandt. La lumiére de l’ombre” y finalmente el Petit Palais, nos muestra “Rembrandt, Eaux-fortes”. De esta última exposición hablaremos.

* PAISAJE (1650)
Rembrandt es el artista del claroscuro.
La misma presenta 182 interesantes aguafuertes, la mayoría provenientes de la colección de los hermanos August y Eugéne Dutuit (donada en 1902). Se ofrece de esta manera un doble homenaje, por un lado al genio de Rembrandt y por otro al coleccionismo personificado en los Dutuit. Todos los temas están presentes en la exhibición y distribuidos en cinco familias: autorretratos, retratos, temas bíblicos, temas mitológicos, de clase y estudios y paisajes. Se observan en la curaduría tres grandes periodos de la vida artística de Rembrandt: los principios (1626-1640), el periodo medio (1640-1650) y el periodo tardío (1650-1669).

Pero ¿Dónde aprendió las técnicas del grabado Rembrandt? Estudió especialmente en el colegio de Jan Lievens (1607-1674) pintor barroco, amigo y socio suyo, que trabajó en la corte británica y se especializó en la elaboración de retratos; pero desde el inicio aborda la técnica del aguafuerte con una “gran facultad de experimentación, audacia e intuición, indecisión y versatilidad también”; tuvo influencia del francés Jacques Callot (1592-1635), considerado como el maestro de la técnica de grabado en metal, destacando su dedicación exclusiva al arte de la estampa. Pero ya desde joven Rembrandt había mostrado gran habilidad para el dibujo y por supuesto se había desmarcado de sus maestros. El aguafuerte es una técnica antigua, es el procedimiento de grabado en el que sobre una plancha metálica cubierta por una fina capa de barniz protector se dibuja con una punta metálica el tema iconográfico. Al dibujar sobre el barniz protector éste se elimina. Al introducir la lámina en un baño de ácido, o aguafuerte, se produce la corrosión del metal en las zonas dibujadas, es decir, en las que se ha eliminado el barniz protector.

Dueño de la técnica creó libremente en diferentes etapas. Por ejemplo en su primer periodo se dedicó a dibujar y grabar muchos de sus autorretratos, y sus muy destacados retratos como el de su esposa Saskia; su reconocido “Rembrandt apoyado” de 1639, y comenzó con algunos temas bíblicos. Desde esta juventud ya mostraba plena maestría como dibujante y algo muy particular, sus trabajos dejaban ver una psicología, composición barroca, figuración nueva, expresividad, estilo bien definido y un arte consagrado a una misma emoción formal y sicológica, haciéndolo ver como un autor más tranquilo y más clásico.

* LE COQUILLAGE (1650)
Rembrandt.
Del segundo periodo, se afirma que alcanza una plena madurez, pero también es una etapa compleja y difícil. En esta muere su esposa. También pinta la “Ronda de noche” en 1642. Pero su arte evoluciona hacia abismos interiores dando a sus retratos mayor misticismo e introspección, gran intimidad y sentimiento. Sus grabados contienen escenas humanas y con nuevas orientaciones estéticas, tiene influencia del renacimiento italiano y de artistas como Mantegna, Leonardo y Veronese. Recordemos que él conocía éstas y otras obras debido a su coleccionismo, ejercido en épocas de prosperidad. Rembrandt dibuja primero y graba después elementos nunca vistos antes como personajes más estéticos y hedonistas, con refinamiento y melancolía. Usa papel Japón que le da un color cálido a sus grabados y privilegia la investigación y utilización de efectos pictóricos más ricos que antes. En el caso de los temas religiosos ocurre lo mismo y podemos apreciar interioridad, sinceridad profundidad en la interpretación y algo muy peculiar, el humor. En este periodo se introduce en el paisajismo con pasión, observa con detenimiento elementos naturales. Y otros no inmutables como la luz o el aire. Podemos afirmar viendo sus paisajes, que es en esta etapa cuando el artista presenta escenas románticas y dramáticas que producen sus efectos visuales muy estéticos, creando una autentica sinfonía visual en plena correspondencia con la música romántica.

En el último periodo presentado se sabe que el autor experimenta pruebas muy dolorosas a nivel personal. Pero igualmente es la etapa de mayor intensidad y de soberbia creatividad. Endeudado y en ruina social, no cae sin embargo en el sumidero. Su actividad artística es muy sobrada y de gran maestría. Su mirada es soñadora y su sensibilidad es profunda y analítica. Podemos apreciar a un artista mucho más libre, despojado de compromisos burgueses, con una calidad de interpretación en sus temas más sólida. Desarrolla con maestría la utilización del negro y el blanco y la sutileza en la gama de grises, lo que otorga a sus trabajos un carácter muy subjetivo y aporta universalidad a su obra. Existen críticos de arte que afirman que en este periodo el manejo de efectos, particularmente los de noche, son admirables y destilan una rara poesía. Afirma K.G. Boon, antiguo director del gabinete de láminas del Rijksmuseum que: “El grabado al aguafuerte en el siglo XVII, es Rembrandt”.

El Museo de Bellas Artes de la ciudad de París, Petit Palais presenta específicamente la selección especial de Eugenio Dutuit, poseedor de más de 400 aguafuertes de Rembrandt. Descendiente de una dinastía de industriales franceses, este coleccionista sentía gran pasión por el artista holandés. Su coleccionismo se manifestó desde su adolescencia y abarcó muchas cosas como cerámica, pintura, estampa, libros, orfebrería, vidrio, bronces y medallas, terracotas, plata y tapices. Hombre rico y sensible. Su gusto por el pintor nació de una visita a Holanda con su hermano donde observó por vez primera las pinturas del artista. Poco a poco comienza a coleccionar obras y grabados, comprando a diferentes vendedores de estampas en París, Roma y Londres y una vez consolidada su colección organiza en 1869, una gran exposición de grabados a favor de la Unión Central de Bellas Artes aplicadas a la industria. Pero conviene ahora entrar a la exposición, veamos:

CONUS IMPERIALIS (1646)
* Wenceslaus Hollar.
Lo primero que se pone a la vista son dos placas originales de (láminas de cobre) la serie “Uves de Ámsterdam”. Luego una pintura de mediano formato titulada “Retrato en vestimenta oriental” (1631) donde podemos apreciar al propio artista ataviado con telas, vestido y sombrero acompañado de un can, seguramente estos trajes los componía a partir de las compras que hacía de productos orientales, en tiempos de bonanza, en Ámsterdam. Después se entra de lleno al universo plástico de los aguafuertes del genio holandés. La museografía muy bien pensada y construida en la sala de exposiciones temporales del Petit Palais, luce una selección de colores ocre y es ornamentada con grandes trazos dibujados de los propios trabajos, para remarcar la mano artística del autor. La muestra ofrece un diálogo muy interesante entre diferentes impresiones de una obra. Este último detalle nos ayudará a descubrir una verdad, hasta ahora ignorada por mí, de que existen muchas “versiones” de un mismo grabado.

¿Cómo se sabe entonces cuál es un grabado original en los trabajos de Rembrandt? Hay muchos elementos que se deben analizar: tamaño, calidad de impresión, tinta, datos técnicos, tipo de números, tipo de papel, etcétera. En este sentido uno de los aciertos de la curaduría, de la propia colección y el guión museográfico, es que nos ayudan a reflexionar en torno a estas creaciones. Primero se cuidaron detenidamente las fechas de producción de las obras, lo que orienta en el periodo de trabajo del autor; segundo los temas están muy bien seleccionados: autorretratos, retratos, paisaje, temas bíblicos y mitológicos; tercero y más importante se analizó cada una de las impresiones para identificar plenamente las singulares diferencias entre unos y otros, partiendo del mismo grabado, pero en distinta “etapa”. En conclusión Rembrandt corregía, agregaba elementos, componía y enriquecía sus aguafuertes constantemente. De esta manera, es muy complicado saber cuál es un “grabado original”.

Existen sin embargo aguafuertes cuya edición es “única” y su calidad es también indiscutible. Si observamos por ejemplo el dibujo de 1656, donde aparece Johannes Lutma, podremos ver en diferentes impresiones, las distintas variantes. En una impresión aparece una ventana, en otra unos objetos y en otra se modifica la calidad de la tinta; entonces es el mismo pero diferente. Por lo tanto esta muestra no se agota a “simple vista” y su lectura es múltiple y variada, pues la propia riqueza de las obras nos ofrece la posibilidad de una re-visión amplia sobre el artista. La visión objetiva y reflexionada de la creación.

Otro hecho fundamental es la distribución y análisis de cada uno de los aguafuertes y lo que en ellos encontraron; así se observan los diferentes sellos, incluido el del coleccionista Dutuit y otros tantos a los que seguramente pertenecieron. Evidentemente también estos sellos hablan de los lugares donde habrían sido expuestos en diferentes épocas.

AUTORETRATO (1658)
* Rembrandt.
No todos los temas trabajados por Rembrandt eran de su imaginación. El había sido un gran observador y estudioso de piezas de Arte, aprendió mucho de su familia política, los Uylenburgh, a los que pertenecía Saskia, quienes eran vendedores y compradores de Arte. Por ello la exposición muestra diferentes escenas de aguafuertes donde el autor “emula” las de otros, pero con el sello particular de su talento. Conviene mencionar como ejemplo, las obras “Le coquillage” de Rembrandt de 1650 y “Conus imperialis” de 1646 de Wenceslaus Hollar, también “David en priére” de 1508 de Lucas de Leyde y el “David en priére” de 1652 de Rembrandt, además de otros tantos.

Rembrandt es sin duda el pintor más estudiado de todos los tiempos, denostado, elevado, valorado y revisado también. No existe mucho qué decir respecto a su arte, excepto lo que él mismo aporta a través de su obra. Por supuesto que no es un lugar común lo antes escrito; el autor es el primero, el único. Ilumina el tiempo de las artes pictóricas y gráficas desde el siglo XVII hasta ahora. Es paradójico entonces que el propio creador nos siga dando de qué hablar. Sus grabados, como es el caso, tienen muchas cosas escondidas y a “la vista” igualmente. ¿Dónde esta Rembrandt en todo este tiempo? ¿Dónde queda su genio en las futuras impresiones de sus aguafuertes? ¿Está su mano presente en ellas? ¿A dónde se puede llegar sin su supervisión? En mi opinión él dejó un camino difícil para los impresores del futuro… pero sabía que sus placas trascenderían en el devenir histórico de las artes y confió en los buenos ojos, en la selecta mirada de los que saben hacer gráfica. Él y su obra están vigentes y obligan a todos a observar artísticamente. ¿Por qué las cambiaba tanto? ¿Por qué evolucionó admirablemente? Quizá, como apuntó André Malraux, se haya liberado siempre de lo que podía obstaculizar su inspiración, su mano y su ingenio, o tal vez, por la pérdida de fe en él mismo.

Ahora sabemos que este autor hacía literalmente un trabajo de taller, su labor era formativa, dinámica y evolutiva. El hecho de que interviniera periódicamente sus aguafuertes es prueba de ello. No se debe confundir esta situación con suponer que nunca estaba satisfecho. No, esto es más complejo, su mirada y su modus operandi rebasaban sus propias metas. Apuntaba, dibujaba, imprimía, corregía, agregaba. Por todo esto es muy significativa la exposición y por supuesto, más importante saber que es muy difícil “obtener copias” de sus grabados. Siempre una muestra es nueva y diferente; siempre ofrece dudas, conocimiento y oportunidades de lectura de la obra; esa lectura es una opción de lo postulado por el trabajo de curaduría. Este trabajo de creación —que fue posible presenciar, gracias al generoso apoyo, la cuidadosa guía y la dilecta amistad de Miguel Ángel García— nos presenta a un artista con un oficio: el de grabador-impresor.

Del esteta de la oscuridad material y la densidad espiritual, se verán muchas más cosas importantes e interesantes. Su talento es, como se dice, la comunión de una sola y misma emoción. Su expresividad y refinamiento contienen una pequeña dramaturgia en cada obra, plena de sabor y de realidad artística que nos ayuda a encontrar La verdad eterna del sujeto.

Al salir de la exposición y sentir el soportable clima frío de París, es curioso percibir cómo la presencia de Rembrandt es un hecho indiscutible, pues su mano esta presente y le imprime caprichosamente uno de sus valores plásticos y estéticos más valiosos al paisaje cotidiano de la antigua Lutecia: el claroscuro.

París, enero de 2007.

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