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Cultura

El noble oficio de darle luz y vida a la cera

El Instituto Estatal de la Cultura reconoció a los ganadores del III Concurso Regional de Cerería y Ceriescultura

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El noble oficio de darle luz y vida a la cera

 

SALAMANCA, Guanajuato.- Salamanca tiene en la cera uno de los materiales más importantes de su historia. La cera comenzó a ser herramienta de expresión desde tiempos de la Colonia, cuando la tenue luz de los cirios iluminaba los rostros de los devotos y de sus veneradas figuras. Pronto este oficio se volvió tradición, pues durante cada celebración religiosa, Salamanca refulgía gracias a la flama de innumerables cirios y velas que iluminaban los pasajes de la fe. 

Pronto, la cera alcanzó a dibujar rostros y sonrisas que no siempre respondían a motivos religiosos. La cera se volvió lienzo: a través de las manos del artesano, se dio vida a la imagen diaria del pueblo y los personajes que lo colmaban: el mercader, la frutera, el globero, las vacas, los cerdos, los perros que acompañaban el paso de la carreta; todos estos motivos cotidianos adquirían nuevos matices, nuevas visiones, cuando eran labradas a través de la mano del ceriescultor. Otros estados, como Michoacán y Morelos, adquirieron esta tradición y ahora también son dignos exponentes de esta añeja artesanía. 

Premios para las manos

Con miras a premiar y seguir animando esta tradición, el pasado viernes 1 de febrero, el Instituto Estatal de la Cultura (IEC) reconoció a los ganadores del III Concurso Regional de Cerería y Ceriescultura, que congregó a artesanos de Salamanca y otros municipios del estado y de los estados de Morelos y Michoacán. 

La ceremonia se llevó a cabo en el Centro de las Artes de Guanajuato (Cearg), lugar en donde se montó una exposición con las obras participantes. El director general del IEC, Juan Alcocer Flores y la directora del Cearg, Karina Juárez, entregaron los estímulos económicos a los ganadores de las categorías Libre, Cera Escamada y Cirio decorado. Este año, fue declarada desierta la categoría de figura religiosa. 

Karina Juárez mencionó que el concurso busca coincidir siempre con el Día de la Candelaria (2 de febrero), con el afán de no perder la conexión de la tradición con su origen: “este concurso tiene la vocación de recordar la tradición del dos de febrero. Agradezco a todos los participantes, el concurso es de ustedes. Espero que sigan haciendo crecer su talento y lo transmitan a otras personas”. 

Por su parte, el director Juan Alcocer expresó su beneplácito al constatar que la cerería sigue con vida no sólo en Salamanca, sino en otras latitudes: “es muy enriquecedor que podamos ver y admirar el trabajo de otros artesanos de la región. Cada uno de los ceriescultores tiene su toque especial y tiene que ver con su región de origen.  Pensábamos que Salamanca era la fuente principal de la cerería y hoy nos damos cuenta de que, felizmente para la tradición, en otros lugares ya nos van alcanzando y en algunas ocasiones ya nos han rebasado, como en el caso de los artesanos de Purépero, Michoacán”. 

Ganadores

En la categoría de figura libre, el ganador fue José Francisco Alemán, artesano originario del ya mencionado pueblo de Purépero, Michoacán. En esta categoría, también se entregó una mención honorífica al joven artesano Emmanuel Villar Hernández. 

En la categoría de cera escamada, el ganador fue el Salmantino Ramón Ramírez López, quien presentó un imponente retablo de cera, compuesto por una infinidad de detalles y varios cirios, que incluía además una imagen de la virgen de Guadalupe. Esta es la tercera ocasión consecutiva que  gana el certamen. 

Finalmente, en la categoría de cirio decorado resultó ganador Ángel Leoncio Rendón Conde.  

Las piezas ganadoras se exhiben, acompañadas de otras piezas destacadas, durante todo el mes de febrero, en la sala temporal del Centro de las Artes, en donde se puede apreciar el grado de detalle y minuciosidad de estos artesanos. 

Detalles que imponen

Sin duda los detalles son los que marcan a esta tradición. El retablo presentado por el señor Ramírez López es digno de reconocerse, pues se advierte esfuerzo y maestría desde ambos polos de las dimensiones: desde la complejidad que enmarca el construir una obra que supera el metro y medio de alto, hasta el esmero por darle un velo de cera escamada que responda a la necesidad del adorno y la fe. Sin duda que el observarlo encendido significaría todo un espectáculo. 

Mención aparte merecen los ganadores de la categoría de figura libre. Las obras presentadas, tanto por el ganador como el acreedor de la mención honorífica, son una muestra sobresaliente del nivel de detalle e imaginación que los maestros de la cerería pueden llegar a demostrar. Llama la atención, además, que sean dos ganadores de distintas generaciones, uno joven y el otro mayor, muestra del paso generacional de esta profesión. 

Emanuel Villar creó a “Geppeto” pensando en retratar su oficio: “esta figura la hice proyectando a los cericultores, recordando al personaje de Pinocho, pues es un trabajo muy similar, a través de la cera. Tengo practicando la cera desde hace más de doce años. Había participado antes pero este año por fin gané.  La figura nació del personaje de Disney, proyectando nuestro trabajo, añadiendo los elementos y las situaciones que vive normalmente un cerero: la dedicación que tenemos por nuestro oficio. Elaborar la pieza me llevó aproximadamente doce días, trabajando de seis a siete horas diarias. Esta figura es una parte de mí, una expresión de lo que sabemos hacer y lo que nos gusta y que rinde frutos siempre y cuando uno busque mejorar constantemente”. 

Entusiasmo que no se acaba

José Francisco Alemán, ganador con su pieza “Domingo en Purépero” muestra cómo la tradición traspasó las fronteras y se asentó en otros estados de la República. Su oficio le ha valido más de diez premios nacionales, heredándolo a toda una nueva generación de alumnos ansiosos de proseguir la tradición:  “tuve inquietudes con la cera desde los ocho años; luego me enseñé como a los doce o catorce, empezando a trabajar con un maestro muy viejo de Purépero llamado Florentino Esquivel. Él nos dio las primeras clases con la técnica antigua: trabajaba uno con un bracerito con unos alambres a los que había que limpiarle las cenizas. Nos enseñó a cómo hacer los ojos, no de vidrio, sino con goma de limón o con brea. Comencé mi carrera y con el tiempo conocí al maestro salmantino Marcos Miranda, quien me dio su conocimiento con instrumentos más modernos”.

El maestro Alemán expresa el entusiasmo que siente cada vez que pone a prueba sus habilidades: “cada concurso donde participo me da una gran satisfacción. La figura que presenté ahora es una muestra de lo que todavía se puede ver los domingos: las indígenas vendiendo su noble producto, siendo parte de la misma naturaleza del pueblo”.

Así es como la cera, un producto que naturalmente surge del esfuerzo y trabajo de la diligente abeja, pasa a manos humanas que potencializan su carácter: el material para crear luces, símbolos y rostros que respondan a nuestro objetivo de reflejar lo mejor de nuestra fe, espacio y gente. 

 

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