Cambios sustanciales en ambos premios podrían desencadenar la ruptura definitiva
LOS ÁNGELES, E.U.- Los Globos de Oro no quieren ser la antesala de los Oscar. Los Oscar buscan desvincularse de esa avanzadilla que les revienta el cuadro de honor. En 2013, parece que el divorcio entre ambos es ya evidente: “Argo” se ha impuesto en los premios de la prensa extranjera y los Oscar han cambiado calendario.
Este divorcio a la americana o, quizá esta “Guerra de los Rose” entre los premios más mediáticos de Hollywood, ha tenido en esta edición un cambio sustancial que podría desencadenar la ruptura definitiva: los Oscar anunciaron sus nominaciones el día 10 de enero, por primera vez antes de que los Globos se repartieran.
Provocaciones
Las consecuencias han sido considerables: por un lado, los Oscar se han desmarcado con nominaciones en las grandes categorías por películas que ni aparecían en la antaño antesala, como “Beasts of the Southern Wild”, o sólo mencionadas en la categoría para cine extranjero, como es el caso de “Amour”, de Michael Haneke.

La primera opta a cuatro premios de la Academia de Hollywood y la segunda -que ha conseguido la noche del domingo el Globo de Oro al mejor filme extranjero- a cinco. Esa era la primera provocación desde el hermano mayor al hermano pequeño. Pero los Globos no se han quedado atrás.
Mientras en televisión han seguido un camino más o menos esperable -con los triunfos de “Homeland” en drama y “Girls” en comedia, además del casi monopolio de “Game Change” en la categoría de miniserie- en el cine, los 88 votantes de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood han decidido sacar los pies de las alforjas.
“Argo”, de Ben Affleck, se convertió en la ganadora moral con los dos premios más importantes: mejor película dramática y mejor director, para un cineasta y actor que en los Oscar no ha logrado nominación.
En el improbable caso de que los Oscar siguieran la estela de los Globos de Oro, “Argo” se convertiría en la primera película desde “Driving Miss Daisy” (1989) en conseguir el máximo premio sin tener a su director nominado, y el propio Affleck subía muy sorprendido al escenario del Beverly Hilton por haberse impuesto a Ang Lee, Quentin Tarantino, Kathryn Bigelow y, sobre todo, Steven Spielberg.
“Lincoln”, del rey Midas de Hollywood, salvó su honor con el Globo de Oro para Daniel Day Lewis como mejor actor, la única de sus siete nominaciones que cristalizaban para la también favorita para los Oscar, donde compite por doce premios.
De la misma manera, otra de las grandes contendientes en los Globos, “Zero Dark Thirty”, se desinflaba en las nominaciones a los Oscar y el domingo salió sólo con el indiscutible premio para Jessica Chastain.
En el apartado de comedia sucedía tres cuartas partes de lo mismo. “Les Misérables” se convertía en la ganadora cuantitativa con tres estatuillas: mejor comedia o musical, mejor actor (Hugh Jackman) y mejor actriz secundaria (Anne Hathaway).
Quedaba así relegada a un solo premio (mejor actriz, para Jennifer Lawrence) “Silver Lining Playbook”, de David O. Russell, que para los votantes de los Oscar es sin duda la comedia del año, ya que la han nominado a 8 premios, 7 de ellos los más importantes: cuatro de interpretación, película, director y guión, algo que no sucedía desde “Rojos” en 1981.
Y, para colmo, otra de las que en los Oscar han quedado desdibujadas como favoritas, “Django Unchained”, de Quentin Tarantino, ayer hacía botín con el Globo de Oro al mejor actor secundario, para Christoph Waltz, y el premio al mejor guión.
¿Cansancio o rebelión?
¿Se habían cansado los Globos de Oro de errar el tiro en sus predicciones para el Oscar, después de haber acertado solo en un 50 por ciento de los casos desde que empezó el siglo XXI? ¿Se habrán rebelado contra el nuevo calendario de los Óscar y han querido marcar la diferencia?
Lo que está claro que, como espectáculo televisivo, los Globos tienen todas las de ganar: se evitan los premios técnicos (los menos vistosos para la ceremonia) y, en concreto el domingo, vivieron dos momentos históricos: la aparición de Bill Clinton para defender la biografía cinematográfica de otro expresidente, “Lincoln”, y la salida del armario oficial de la ganadora del premio Cecil B. De Mille, Jodie Foster.
Además, algún guionista perverso decidió forzar el encuentro entre Arnold Schwarzenegger y Michael Haneke, músculo y cerebro respectivamente de denominación austríaca, al entregarle el primero un premio al segundo. ¿Cómo superarán eso los Óscar? El guante está echado. Hasta el 24 de febrero.
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