La sacra escultura que adorna la parroquia de San Miguel Arcángel fue realizada en 1570, en Pátzcuaro, Michoacán
SAN FELIPE, Guanajuato.- Señalada como la obra humana más antigua de la ciudad y la re-liquia más valiosa de la parroquia de San Felipe Apóstol, la escultura del Señor de la Conquista, que data de 1570, presidió la conquista espiritual de este pueblo, por eso simboliza su fe.
La devoción y veneración hacia este particular Cristo, está muy difundida en la zona norte del estado de Guanajuato y, una imagen tan venerada como ésta, se encuentra en la Parroquia de San Miguel Arcángel en San Miguel Allende.
El Señor de la Conquista
Fueron los franciscanos la primera orden en llegar a México con la intención de evangelizar las nuevas tierras conquistadas por el imperio español. Una vez establecidos en la Ciudad de México, iniciaron su peregrinar hacia el norte, al territorio “bárbaro” habitado por el aguerrido pueblo Chichimeca.
Para ello, se apoyaron en el pueblo Otomí que ya había cedido y aceptado al invasor como su patrón a seguir. De este modo y establecidos en Jilotepec, se logra cada vez más la penetración a esas tierras donde se fundan innumerables pueblos de indios que con el tiempo dieron paso a las vi-llas españolas, siendo muchos de los poblados que actualmente conforman la geografía del Bajío.
Nicolás de San Luis Montañez, cacique de Jilotepec, logró esa gran empresa, siendo Acámbaro la primera de muchas poblaciones fundadas más al norte, lugares en donde se estableció el pueblo Otomí y gracias a la presencia Tarasca, los franciscanos establecieron el primer templo en donde se veneraría a San Francisco de Asís.
Con ello se inicia su culto en la zona sur de Guanajuato y se expande rápidamente por la región que llegó a cubrir prácticamente todo el actual estado. Es así como en 1570, por orden de Vasco de Quiroga, primer obispo de Michoacán, el artífice barcelonés Matías de la Cerda elabora la escultura de un Cristo de pasta de caña y maíz con pelo natural, en la ciudad de Pátzcuaro.
Sangre de mártir
Recién erigido el curato de la villa de San Felipe por padres franciscanos, su primer pá-rroco, fray Francisco Doncel, se propuso traer al Santo Cristo de la Conquista en compañía de fray Pedro de Burgos, quienes lo transportaron desde el taller del escultor, para ser venerado en la capilla que se había elegido dentro de la actual parroquia de San Felipe Apóstol.
De regreso de Pátzcuaro, los franciscanos fueron asaltados y asesinados por Chichimecas de pluma, en lo hondo del arroyo de Chamacuero, hoy Comonfort. El padre Doncel exhaló el último suspiro abrazado de la venerada imagen, la cual quedó teñida por la sangre del mártir y, desde entonces es conocido como el Señor de la Conquista.
En el ala derecha del interior de la parroquia de San Felipe Apóstol se puede apreciar un mural que representa el martirio de los frailes menores a manos de los indios chichimecas.
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